Un atanquero jamás olvida el lugar donde nació, vivió o
creció.
No puede olvidar su idiosincrasia, sus costumbres, sus
tradiciones.
No puede olvidar a su, gente, a sus mujeres con su andar ágil y tejiendo mochila.No podemos olvidar ese compartir de atanquero, a los amigos, familiares, padres o abuelos.No se pueden olvidar esos días de lluvia o soleados, sus noches de magia, embrujo o ensueño.
No se pueden olvidar los tiempos aquellos, donde nativos y forasteros tanto gozamos, refiriendo anécdotas, cuentos, chistes, mitos y leyendas en penumbra a la luz de la luna.Imposible olvidar su olor y sabor a pueblo; el olor a molienda, a café, a panela de Sevilla, a miel, a guarapo de caña, alfandoque, aguacate y peregüétano, a cotoprí, mamón, jamanare, mango o ciruela.Cómo olvidarel sancocho de gallina y de guandú, la viuda de pescado, el cunche y la diguaca, el sasao, el guáimaro, y la rabiacana.Cómo olvidar a las fiestas de San Isidro, a la Inmaculada y a Corpus Cristi con sus negros, diablos y kukambas y a los sacerdotes misioneros que nos enseñaron a creer en Dios y a vivir con principios cristianos.Cómo olvidar las colitas, la gaita y el chicote, a la Loma Blanca y al Descansadero; los paseos a Mamena, a la Ollada, al Higuito, al Chiskuinya, Pontón y a la Dorada.Cómo olvidar a ese pueblo tan bello, a nuestro pueblo kankuamo.Cómo olvidar las verbenas, las casetas con Los Kankuis, la dulzaina de Chema y las canciones de Pedro García, las serenatas con guitarra de Juan Francisco y Hugues Martínez y a esa hermosa luna resplandeciente, cómplice de las travesuras de jóvenes.Cómo olvidar al Juaneta, con su cabeza cubierta de blanca bruma y como un hilo de plata, bajando el Candela y su creciente estrepitosa donde tantas veces corrimos gozosos a verla.Cómo olvidar los juegos de boliche, trompo, las cometas, el cebollón, la tarabita del molino, esconde la piedra, el chúzale, la lleva, el maíz tostao, que otrora a la luz de la luna robaban a la noche su mágico silencio.Cómo olvidar a mi comadre Ludia Carrillo, a Olguita, a todos los que ya se fueron y tanto hicieron por su pueblo, ellos, desde el más allá nos acompañan para continuar forjando este sueño, de volver a ver a nuestro Atánquez, próspero, acogedor y bullanguero , sentir que retorna la alegría en los rostros de nuevo.
Debemos seguir tejiendo esperanzas, con fe, para que Atánquez, vuelva a ser lo que fue y siga creciendo; unidos entre todos, lo conseguiremos.Él necesita de sus hijos, de sus amigos, de los que allá están, de los que allá estuvieron y de los que desean conocerlo. Él necesita renovar sus sueños, él añora nuestras risas, nuestros cantos, nuestra alegría y nuestro recuerdo. Él permanece allí, callado, esperándonos paciente, mirando silente nuestro desamor y silencio.
Atánquero, no podemos dejar que se acabe lo nuestro.No podemos continuar sintiendo en la piel y escondido detrás
de nuestra alma,esa nostalgia de pueblo.Con fraternal afecto,LA NENA FUENTES
Para Todos Los Atánqueros
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